ANÁLISIS HISTÓRICO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA


 

Cuba fue la última colonia de España en América Latina y hoy es el primer país socialista de este hemisferio. Para cumplir este singular destino histórico nuestra patria hubo de salvar obstáculos que en un tiempo parecieron in­vencibles.

Cuando en los albores del siglo pasado la inmensa ma­yoría de los pueblos de habla española iniciaron el camino de la emancipación del yugo colonial en la coyuntura pro­picia que ofreció la invasión napoleónica a España, Cuba era un país de plantaciones tropicales explotadas con mano de obra esclava. La sociedad de entonces era típicamente esclavista. A despecho de los acuerdos interna­cionales de la época, el número de esclavos aumentaba por año a la par que crecían las riquezas materiales y la prosperidad de las clases dominantes.

Los españoles dominaban el comercio y la administración; los cubanos ricos eran los dueños de las plantaciones. Esta clase social, aunque interesada en superar las trabas coloniales que estorbaban el desarrollo de la economía y su acceso al poder político, no podía prescindir de la fuerza militar de la metrópoli para mantener la sumisión de los escla­vos: temía la repetición en Cuba de la heroica historia de Haití y supeditaba, sin vacilación, la cuestión de la independencia nacional a sus intereses de clase escla­vista. Las personas sometidas a esta horrible forma de explotación ascendían, en 1841, a más de cuatrocientas mil en una población que apenas rebasaba el millón de habitantes.

A pesar de que nuestra tierra llegó a ser considerada por la monarquía española, en razón de esto, como la “siempre fiel Isla de Cuba”, aquellos intereses de clase engendraron también, en un sector de los cu­banos ricos, la funesta corriente de la anexión a Es­tados Unidos, entre otras razones por el temor de que la propia España, accediendo a las presiones internacio­nales, aboliera la esclavitud. Esta corriente era fuerte­mente apoyada por los estados esclavistas del sur de Norteamérica, en su pugna de intereses con los estados industriales del norte, en la esperanza de contar con un estado esclavista más en la Isla de Cuba.

La aspiración de anexarse a Cuba fue siempre, por otro lado, un fuerte propósito de los dirigentes de Estados Unidos desde los inicios mismos de esa república, expre­sada en reiteradas ocasiones por distintos gobernantes y hombres públicos, como expresión lógica de los principios del “destino manifiesto”, que Estados Unidos se consi­deraba llamado a jugar en este hemisferio. Esta tendencia se mantuvo aún mucho después de la abolición de la esclavitud en ese país y a todo lo largo de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Pero la contienda civil de Estados Unidos y la consiguiente supresión de la escla­vitud en los años de Lincoln, significaron un fuerte golpe al movimiento anexionista de los esclavistas cubanos. Es bueno recordar que frente a estas aspiraciones mezqui­nas y antipatrióticas de los explotadores, los explotados, es decir, los esclavos, ofrecieron incontables ejemplos de lucha social y revolucionaria, que se expresaron en nume­rosas sublevaciones heroicas, las que fueron reprimidas, como sucede siempre, de la forma más brutal y san­grienta.

Fueron varias las etapas vividas en la búsqueda de la verdadera independencia y la continuidad de la lucha unido a los pensamientos marxistas leninistas en la última etapa llevaron a poner punto final a siglos de explotación y dominación directa o indirecta.

El día Primero de Enero de 1959, al arribar a la ciudad de Santiago de Cuba, dijimos: “¡Al fin hemos llegado a San­tiago!  Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llega­do.  Esta vez no se frustrará la Revolución. Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad a su término; no será como en el 95, que vinieron los americanos y se hicieron dueños del país; intervinieron a últi­ma hora y después ni siquiera a Calixto García, que había luchado durante 30 años, lo dejaron entrar en San­tiago de Cuba; no será como en el 33, que cuando el pueblo empezó a creer que la revolución se estaba ha­ciendo vino el señor Batista, traicionó la revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura feroz; no será como en el 44, año en que las multitudes se enardecie­ron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder y los que llegaron al poder fueron los ladrones. ¡Ni ladro­nes ni traidores ni intervencionistas, esta vez sí es una revolución!”

La lucha, pese a este heroico triunfo no termina. El país ha avanzado extraordinariamente en muchos campos du­rante el período revolucionario. El mérito de este progreso radica en el hecho de que mientras Estados Unidos, país poderoso con grandes recursos militares, económicos y políticos, hacía lo imposible por asfixiar la Revolución y establecer de nuevo su corrompido, expoliador y oprobioso sistema, nuestro pueblo no sólo resiste y sale vic­torioso sino que lleva a cabo, en estas difíciles condiciones, magníficas realizaciones.

#CubaEsNuestra #TenemosMemoria #ULT

Autor: lazaro yunior

Fanático a la Historia!!!

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